martes, 6 de octubre de 2009

¿Quién viene después?
8:26 p. m.

¿Quién viene después?

Foto por Carlos JG

Cuando Lorena cayó al fondo de la quebrada nadie se cagó de risa, él y yo nos pusimos en mute automático.

Los martes eran los llamados días de ocio comunitario. Realzábamos labor comunitaria en el asentamiento humano El Porvenir y al volver descendíamos el cerro a velocidad incontrolable, como si el cerro viniera tras de nuestros pasos y trate de atraparnos entre sus sombras amorfas que indicaban el momento de partir.

Los niños en El Porvenir nos amaban - por no decir idolatraban - porque les trajimos un esbozo de modernidad cada domingo luego de la misa del padre Fermín, no se olviden niños que el próximo domingo también vendremos. Ellos no tienen la culpa de que el grupo de voluntariado los haya escogido para progresar en la vida, para insertarse en una sociedad que te absorbe, extrae de ti todo lo juicioso y racional y te encarrila hacia un destino según sus antojos. Ellos no tienen la culpa, la culpa la tiene esta maldita ciudad, este maldito cerro por estar en el camino que conecta Lima con San Bartolo, por interponerse en la mirada de Lorena que buscaba un proyecto serio para su tesis, ellos no tienen la culpa.

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Eusebio Miranda era el dirigente vecinal de El Porvenir y la primera vez que vio una camioneta llegar hasta la puerta de su casa fue cuando Lorena le vino a proponer una proyecto social, antes de entender íntegramente de qué se trataba ya estaba firmando sobre un papel, autorizando a sus colaboradores intervenir las actividades de la gente, de los niños cuando crean necesarios.

En un principio el proyecto fue de evaluación, descartaron a todos los sectores menos a los niños. En ellos encontraron la base del desarrollo de El Porvenir, en ellos encontraron a las víctimas que llevarían al asentamiento humano a la modernidad, a una modernidad que tal vez Eusebio Miranda no veía, que tal vez no había pensado hasta que las llantas Bridgestone de la camioneta de Lorena se detuvo frente a su casa.

Dentro del primer grupo de voluntarios resaltábamos mi hermana y yo. Cuando se trataba de organizar algo lo primero que escuchaban era mi nombre o el suyo, nunca se escuchó otro nombre, era una de las ventajas de ser del circulo exclusivo que cada semana nos escapábamos a San Bartolo, queríamos que Lorena trabaje de una vez para poder tener mas beneficios, para poder divertirnos mas, para poder sangrarla más. Ella no se oponía, nosotros tampoco.

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El desastre empezó a notarse el día que dos de los niños que llevaban más tiempo en el proyecto enfermaron de gripe. Era muy extraño que a un asentamiento tan alejado de las medicinas llegue un virus que encamó a medio pueblo en tres días y a la semana siguiente, cuando volvimos, encontramos apenas a uno o dos padres de familia sanos. Todos le echaron la culpa Ismael, porque llegó con malestares a la anterior visita, porque se encargaba de un grupo grande de niños y porque no avisó a nadie de su padecimiento. Era la primera vez que acamparíamos en El Porvenir porque teníamos que tratar de apaciguar el ambiente de enfermedad en el que vivían, por suerte siempre nuestro botiquín de niñitos de mama, que jugaban a cambiar una pequeña realidad social, contenía suficientes antalginas para soportar una noche de guardia.

Todos tenían fiebres altas, parecía un manicomio con tanto delirio, era un ambiente de caos, los niños lloraban y nosotros nos descontrolábamos, el estrés jugaba en nuestra contra, eran casi las 4 de la mañana, un grupo había ido a San Bartolo a conseguir mas medicamentos, uno de los niños más pequeños empezaba a tener una crisis, Lorena también. Se fue sola hacia la cancha de fulbito, se sentó en la tierra abrazando sus rodillas y empezó a llorar, en silencio como le enseñó su mamá a los 5 años, para que nunca crean que eres débil mi hijita.

Todos nos esforzamos esa noche por tratar de guardar la compostura, mi hermana se había retirado a conversar de mujer a mujer con Lorena; nosotros, caballero nomás, teníamos que seguir con la labor médica que acabaría cuando más del 50% de las personas se hayan recuperado. De San Bartolo llegaron con un cargamontón de medicamentos y de pronto todo empezó a retomar su estado normal. Los niños dejaban de llorar y ahora eran cuidados por sus madres que ya no tenían malestares. Lorena también pudo continuar con su labor de líder del proyecto. De todas maneras el calvario de esa noche serviría para nutrir la escencia de su tesis, si hay que sufrir en el intento por ser una buena socióloga, hay que sufrir.

La mañana llegó con un ambiente de prosperidad. La felicidad era notoria porque volveríamos sin mayor complicación a Lima, pero el carro tenía que malograrse y teníamos que bajar a toda velocidad por la falda del cerro, sin escatimar riesgos, solo llegar a la carretera y tratar que nos jalen a un grifo.

Pasar por la quebrada era toda una hazaña y demoraba más tiempo, así que decidimos bajar por la parte más empina que descasaba en una meseta con un precipicio impresionante. Los primeros en llegar fueron los mas capos, luego llegamos uno por uno a un paso mas ligero y pausado. Sin querer queriendo tropecé y rodé alrededor de diez metros. Todos se burlaron y yo también, algunos niños habían venido con nosotros para indicarnos mejor el camino, me quedé con uno de ellos a esperar a Lorena que bajaba con una parsimonia increíble.

Me quedé con Efraín que era el hijo de Eusebio, era el niño con el que más había congeniado, además le tenía demasiado aprecio a Lorena. El fue quien se ofreció a esperarla conmigo. Cuando faltaban algo más de cincuenta metros, por fin Lorena decidió apresurar el paso, pero es como si la montaña fuera quien la botara, por haber traído una gripe que encamó a sus hijos, como si nunca debió acercarse a El Porvenir, como si nunca debió acercarse al cerro que se le mostró integro para su tesis de especialidad. A cinco metros de nosotros Lorena tropezó, se revolcó violentamente y no se detuvo hasta llegar al fondo del precipicio. Y esta vez, repito, nadie se cagó de risa.

Efraín y yo nos quedamos mudos, en un arranque de paternidad lo abrace mientras él sollozaba, nos quedamos admirando el horror de su caída, el horror de sus revuelcos. Si ella no seguía el proyecto nadie lo iba a hacer. Efraín se quedaría solo, sin sus nuevos mejores amigos, sin su toque de modernidad, sin nada nuevo que realizar. Hasta que un día se decida a descender corriendo el cerro y esperar a ver quien viene después de nosotros.

P.D Este es el post N°100, por eso estrenamos nueva portada y nos comprometemos en mejorar para no perder la chispa. Larga vida al blog.

1 comentario:

  1. EL LOrd de los blogs ha salido de pesca y ha enmarañado en su carnada un Que vendra despues? muy bueno, con un estilo mas abundante de naturaleza y una prosa agil, llena de virtuosidades al borde del abismo ... que se puede hacer amigo belezeta si escribir es una forma de elogiarno criminalmente...


    PD: HABER si algun ida m dedicas algun cuneto pezweeon

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