martes, 31 de marzo de 2009

DESTINO - Lado Sensitivo
11:40 a. m.

DESTINO - Lado Sensitivo




Entonces tú tomaste y prendiste la moto para ir a pasear por las calles de este hermoso cielo. No tuviste reparos en correr a toda velocidad. Tu móvil era pequeño, pero, -en fin- te distraías demasiado, olvidándote de tus problemas. No llevabas nada más que tu brevet vencido el año pasado. Después de horas que el aire arrastró tantas veces tu cara contra el viento ágil, regresaste a casa. Vivías solo, te serviste una taza de café y comenzaste a fumar. Recordaste la actitud que tuviste ante tu familia – los años pasados- eras alegre, bromista, el tío más querido de la casa. Ahora te ahogabas en las causas estresantes del trabajo. Estabas alejado de ellos por razones de oficina.

Como era fin de semana aprovechaste para salir a cenar pizza. Corriste de nuevo con la moto. Por poco y te matas. En el centro había un tráfico maldito. Pensaste que en vez de policías en las calles deberían poner unos psicólogos. Te escabulliste entre la multitud de bocinas y lograste salir campante. Compraste un paquete familiar de pizza hawaiana. Lo llevaste a tu casa y acompañaste la merienda con una tasa de café. Prendiste el televisor de la sala y después de todo te quedaste dormido en el sofá.

Amaneciste un sábado caluroso. No tenías nada en el refrigerador así que fuiste al mercado a hacer un par de compras. Saliste con la moto, para tu mala suerte ese día hicieron batida. Lograste evadir a los policías dejando tu moto estacionada en la esquina e infiltrándote en una casa. Esperaste prudentemente diez minutos, luego saliste, pero afuera esperaba la policía en busca del dueño de la moto. Te interrogaron y tú respondiste que no sabías nada. Entraste a la tienda de enfrente para comprar frugos y galletas, tu digno desayuno. Hasta que por fin los uniformados de tránsito se fueron. Arrancaste la moto de regreso a casa. Las horas pasaron, ordenaste un pollo para el almuerzo, te lo trajeron servicio “delivery”. Luego te bañaste y te quedaste profundamente dormido en la cama de tu cuarto.

Despertaste de noche. Te envainaste tu casaca de cuero y nuevamente a pasear en busca de aventura. La policía- por fin- logró detenerte. Pero tú con tus habilidades maestras de orador y víctima lograste evadir la culpa. Tu plausiva habilidad de evadir el peligro sea como sea era totalmente prolífica.

- Oiga señor sus papeles por favor – dijo el dizque “infranqueable” policía de tránsito.
- Sólo tengo brevet (Se lo diste conchudamente, sabiendo que estaba vencido)
- Pero esto está vencido señor- te replicó.
- Perdón, pero estoy procesando uno nuevo jefe.
Y te creyó.
- ¿El SOAT de su moto?
- No se pase pues jefe, usted se esta burlando de mí o de mi motito. ¿Sabe cuanto me quieren pagar por la moto? Doscientos soles y el SOAT me cuesta ciento cincuenta.
- (El policía se quedó pensativo) (Después de cavilar largo rato) ¿Su casco señor?
- (Con toda prudencia le respondiste) Mire jefe, hace poco me hice un chichón en la cabeza. Si quiere puede tocar (Pero sabías que timabas)
- No es necesario- te dijo el uniformado.
(El policía revisó por ultima vez- antes de devolvértelo- tu brevet)
- Señor, acá dice muy claramente que usted debe llevar lentes.
- Uso lentes de contacto jefe- le dijiste.
- A ver sáqueselos.
- No pues jefe, mi mano esta sucia, no se pase.
Te volvió a creer. Tú sabías que él buscaba algo de ti, por eso todavía no te dejaba en paz.
- Mire jefe tome cinco soles.
- (Te miro extrañado) No se haga el gracioso, para que me sirve ese sencillo.
- (Sacaste todo el sencillo) Mire no tengo más (Juntaste diez soles a duras penas)
- (Tomó el regalito y te dejo ir) Ya, vaya, vaya nomás.
- Jefe conste que me dejo sin el café.
Silbó su pito y tú arrancaste.

Regresaste cansado. Tenías hambre. Entraste a una cebichería y pediste al mozo una orden de mariscos. Lo devoraste al instante. Tomaste una cerveza en lata y te fuiste del lugar. Encendiste la moto. Para tu mala suerte la gasolina ya se agotaba. Sin más prórroga te dirigiste a un grifo, lo llenaste y te fuiste. Ibas a mucha velocidad. No te diste cuenta del peligro. Recibiste una llamada que te alarmó. No sé quien te dijo que robaban tu casa. A una cuadra te estrellaste contra un muro. No te diste cuenta del rompe muelle y saliste disparado por el aire impactando fuertemente contra la pared de cemento. La cabeza te comenzó a sangrar a miles. Perdiste el conocimiento. La ambulancia llegó y tú ya habías muerto.

Despertaste en una cama. Tu madre te observaba y tú sudabas con una fiebre de treinta y nueve grados. Comenzabas a delirar. Tu problema se agrandó, cada vez más y más ibas creyendo que estabas muerto. Tardabas horas y horas en regresar a la realidad, mientras la calentura te subía. Te diste cuenta que no podías evadir a ese destino. Que algún día tendrías una muerte total.

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